La entrada de Glastonbury 2027 cuesta 408 libras y ya no queda ninguna. Lo que distingue a esta venta no es el precio: es que, para intentar comprarla, había que figurar en un padrón que cerró antes de que abriera la taquilla.
Primero el registro, después la compra
La web oficial del festival lo deja por escrito: todo el que tenga 13 años o más el 23 de junio de 2027 y quiera asistir debe estar registrado individualmente antes de poder intentar conseguir una entrada. No es un paso de la compra: es la condición para acceder a ella. El plazo de registro cerró a las 17:00 BST del viernes 25 de septiembre.
El orden importa más que el calendario. El padrón se cerró antes de que se abriera la taquilla y unos nueve meses antes de la fecha que el festival usa como referencia de edad. Quien no estuviera dentro a esa hora no tenía forma de entrar en la venta: no hay registro de última hora ni alta en el momento de pagar.
El precio, en dos plazos y seis meses
| Concepto | Importe | Cuándo se paga |
|---|---|---|
| Depósito | 100 libras por persona | En el momento de la venta |
| Saldo | 308 libras más gastos de envío y embalaje | Del 1 al 7 de abril de 2027 |
| Total | 408 libras, con 5 de gestión incluidas, más envío | En dos pagos |
La ventana del segundo pago es estrecha: desde las 9:00 BST del jueves 1 de abril hasta las 23:59 BST del miércoles 7. Entre depósito y saldo pasan seis meses con tres cuartas partes del importe sin pagar.
Una sola reventa, y la gestiona el festival
El festival da las entradas por agotadas y anuncia una única reventa, en primavera de 2027, con las que se cancelen o se devuelvan. No aparece ninguna otra vía.
Ese es el modelo que el Gobierno británico quiere imponer al resto del mercado. En su respuesta a la consulta sobre la reventa de entradas de eventos en directo declara su intención de hacer ilegal revender con beneficio: el tope no permitiría ningún recargo por encima del coste original de la entrada, incluidos los gastos inevitables y los de envío. Concluye además que será necesario topar las comisiones de servicio que las plataformas cobran en una transacción de reventa, e introducirá límites para que nadie revenda más entradas de las que tenía derecho a comprar en el canal original, reforzando así las restricciones del organizador.
Conviene decirlo expresamente: es una intención declarada del Gobierno en su respuesta a la consulta. No está en vigor.
Queda entonces una diferencia de orden. El festival no espera a la ley: lo resuelve por contrato, con un padrón cerrado con meses de antelación y un canal de reventa propio. Eso no sale de la licencia del recinto, sino de las condiciones de venta. Es la misma discusión que tiene abierta España con su propio tope a la reventa, con otro punto de anclaje. Y ocurre en un mercado que no está en bonanza: las discotecas de Gran Bretaña han perdido un 36,1 % de locales desde 2020.