Spotify empezará a marcar los perfiles de artista cuya identidad está generada con inteligencia artificial. Lo anunció el 11 de agosto en su sala de prensa: el distintivo se llama «AI Persona», llega a mediados de septiembre y señala los perfiles cuya persona no representa a nadie real.
Conviene leer qué marca. No la música hecha con IA, sino la identidad pública: el nombre y las imágenes del perfil. Un artista puede usar IA a fondo en la producción y no llevar distintivo. La autodeclaración ya está abierta en Spotify for Artists, y Spotify revisa además perfiles por su cuenta empezando por los de más audiencia; a quien marque se le avisa y puede recurrir. Por defecto, los perfiles marcados quedan fuera de las recomendaciones editoriales y algorítmicas.
Para la escena electrónica el matiz pesa, porque el alias y el proyecto sin cara son norma. Tal y como está publicado, el criterio no apunta al anonimato sino a la identidad que pasa por persona real sin serlo.
En paralelo corre otro etiquetado, que no mira la identidad sino la grabación. Según Music Business Worldwide y un teletipo de EFE del 30 de julio, IFPI ya aplica principios de elegibilidad para las listas oficiales, propuestos por las tres grandes discográficas y sellos independientes: la grabación debe ser sustancialmente obra humana, el servicio de IA empleado debe estar autorizado y el uso debe señalizarse al consumidor. Rigen ya en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú y Uruguay. En España todavía no: el teletipo sitúa a España entre los mercados a los que IFPI trabaja para extenderlos, junto a Alemania, Francia, Italia, Portugal, Australia, Japón, Corea del Sur y Reino Unido, y sin fecha.
Suno, mientras, abrió lista de espera para prensar en vinilo lo generado en su plataforma: unos 45 dólares más envío por un disco de doce pulgadas de PETG de hasta 46 minutos. Es una unidad por encargo, no una tirada. La página no dice a qué países envía ni bajo qué condiciones de derechos. Para quien programa, el distintivo se verá en la búsqueda desde septiembre: comprobación rápida sobre un nombre desconocido. Para quien cierra un cartel el problema es otro: el directo exige a alguien que se suba al escenario.